DESDE LA MEDALLA DE ORO OLÍMPICA HASTA EL SAIL GP, TU CARRERA SE HA CARACTERIZADO POR TU CAPACIDAD PARA GESTIONAR LA PRESIÓN. ¿CÓMO CONSIGUES MANTENER LA CALMA CUANDO TODO CAMBIA TAN RÁPIDAMENTE?
Cuando era joven y jugaba al tenis, recuerdo que solía bloquearme cuando llegaba la presión en las finales. Recuerdo que mi entrenador me preguntó: «¿Por qué pierdes este partido en la final cuando, en cambio, vencerías a este mismo rival en la primera ronda?». Yo le respondí: «Porque estoy nervioso». Y él me dijo: «No deberías estar nervioso. Lo que sientes, esas mariposas en el estómago, no es nerviosismo: es adrenalina. Tienes que aprender a amar esa sensación». Me dijo que, cuando dejara de practicar deporte, desearía volver a esos momentos y volver a sentir esas sensaciones, porque esa es precisamente la razón por la que practicamos deporte: ponernos en esas situaciones y aprender a afrontarlas. Esa lección se me quedó grabada. Tenía unos 13 años, y aún hoy, cada vez que me encuentro en una situación de gran presión —ya sea una competición por una medalla de oro olímpica, la Copa América o cualquier otro reto de alta intensidad—, simplemente intento aceptarla. Cuando siento esas «mariposas en el estómago», o cuando alguien de mi equipo las siente, siempre digo: «No es nerviosismo. Es una recompensa». Es la recompensa por todo el duro trabajo que habéis hecho para llegar hasta aquí. Por eso, cada vez que me encuentro en esos momentos, intento recordárselo también a mis compañeros: «Disfrutemos de este momento y divirtámonos, porque es precisamente para sentir esta emoción por lo que empezamos a practicar deporte».